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KORNETA SUÁREZ: EL QUE NUNCA SE FUE

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Nota: Margarita Elías.

Se cumple un nuevo aniversario de aquel mayo de 2004 en el que el mentor de la banda barrial Los Gardelitos dejaba este mundo. Pero está más vivo que nunca.

Tenía 51 años, los pies cansados y mucho fuego en su alma. Tenía a Los Gardelitos y un disco que tanto costó sacar a flote. Tenía alma de joven, mente de soñador y un don innato del que muchos carecen. Tenía todo lo más lindo, lo que no se puede comprar. Y a la vez no tenía nada. Tenía ganas de girar, pero las esferas terminaron girando en el cielo.

En aquellos días, algunos continuaban hablando de la odisea sudaka vivida el 24 de abril de 2004 en Hangar (último show que Korneta dio en vida), mientras que otros ya estaban ansiando el legendario 25 de mayo, fecha en la que debían presentar Fiesta Sudaka – Parte II: En tierra de sueños en Cemento. Pero el 12 de ese mes y allí, entre las calles de la villa, Eduardo Suárez se perdía para siempre.

Las causas y las razones de su deceso no serán incluidas en estas líneas, ya que aún hoy son un misterio y no tiene sentido hablar de muerte cuando lo que dejó fue vida. Pura vida.

Había nacido en la provincia de Mendoza pero era más porteño que cualquier otro. Había caminado la calle como nadie, aquella que convirtió en su propio espejo. Había leído a grandes pensadores como Artaud, Allen Ginsberg o Gregory Corso y escuchado a John Lennon, Hendrix y Manal, quienes le forjaron una filosofía tanto racional como musical.

Sin embargo, Korneta era único. Y así era querido u odiado. O querido y odiado a la vez. Era alguien que se la jugaba por el todo, cueste lo que cueste. Era alguien sensible, que encerraba una constelación entera de emociones y las liberaba a través de la palabra y la melodía. Era capaz de descontrolar todo a su alrededor en cuestión de segundos y sumergirse dentro de su locura.

Hoy es esa voz “imperfectamente perfecta” que se escucha en los discos que dejó. Es esa silueta con sombrero y abundante barba que se ve pintada en los trapos que flamean en los recitales. Es un mito rockero para los que no lo conocieron y un padre para los que sí.

Para conocer a Korneta Suárez basta con oír sus temas, desmenuzarlos. Y creerlos, ya que su temor más grande era que nadie crea en su canción, el fiel reflejo de su ser. Este poeta bohemio se habrá ido físicamente, pero puedo asegurarles que siento que está en el aire, flotando…

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