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FESTIVAL NUESTRO 2017: EL ROCK DESPUÉS DEL ROCK

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Nota: Pata Marsilla / Fotos: Gentileza Festival Nuestro.

Tecnópolis se vistió de música durante más de doce horas en la tercera edición del festival. La variedad de géneros atrajo alrededor de 20 mil personas de todas las edades y diferentes puntos del país.

En el año 2003 la primera edición del Quilmes Rock, que en la previa generaba todo tipo de cuestionamientos ante grillas, precios y pequeñas mezclas de géneros, abrió un panorama en la Ciudad que sería explotado con variados resultados: los festivales de rock. Los años venideros generaron que hoy el Festival Nuestro pueda presentar una variada oferta tanto musical como de entretenimientos sin que nadie cuestione su propiedad de “rock”, a pesar de no contener esa palabra en el nombre. El público, en esta oportunidad, parecía dividirse entre los seguidores de Las Pastillas del Abuelo y los de Las Pelotas, los artistas más convocantes de la jornada.

Nonpalidece fue la última banda en pisar el Escenario Ñ (el principal) poniendo a bailar a todos los que resistieron la fría noche de Tecnópolis. El “y dale dale Nonpa” esta vez se hizo desear ya que el clásico La flor no fue de la partida. El carismático Néstor Ramljak movió sus rastas custodiado por el bajista del gorro taqiyah, Facundo Cimas, que la rompió todo el show. Hubo algunas dificultades sonoras (no sería el único momento del festival) que hicieron enojar momentáneamente al cantante pero la fiesta siguió a puro reggae, cerrando con un repaso por la obra de Bob Marley, el padre del género.

Y desafiar a Lucifer de visitante aunque tenga las de perder” cerraban Las Pastillas del Abuelo ante casi 20 mil personas, para hacerlos sentir locales en caso de tener que enfrentar al diablo. La bienvenida del 2017 en Buenos Aires había sido a través de Tantas escaleras. Las dos horas que duró el set (el más largo del festival) estuvieron acompañados por banderas con palos y un público que no paró de cantar.

Qué lindo es ver la Luna después de la tormenta” cantaba Germán Daffunchio cuando se había instalado la noche e iniciaba su repetorio con calma. Fue seguida por Siento, luego existo marcando el vaivén emocional que reflejaría su repetorio. El momento más triste de Las Pelotas fue el recuerdo de Alejandro Sokol en Ya no estás. El Bocha protagonizó al mismo tiempo el momento más eufórico cuando Fernando Ruiz Díaz fue invitado a cantar Sin hilo y El ojo blindado: el líder de Catupecu Machu dejó las tablas llenas de su característica potencia para el cierre con Capitán América.

Lo de Cuarteto de Nos fue tan potente que merece una nota aparte y se ganó El Destacado del Ghetto. Andando Descalzo y los costarricenses de Akasha habían dejado el Escenario Ñ listo para que Bersuit Vergarabat hiciera bailar a todos con una lista festivalera que después de Desconexión sideral y Sr. Cobranza, cerró con Me voy y La bolsa al grito de “juventud: divino tesoro”.

El Escenario Churro estaba ubicado en el mismo espacio físico pero en la otra punta, y ahí se desarrollaron shows más breves que se iban intercalando con la grilla del entablado principal. Esto permitía que no hubiese espera entre bandas y generaba unas divertidas corridas para aquellos que querían disfrutar todos los temas desde el pogo. Sumo x Pettinato entregó los últimos destellos de este sector. Un público quizás más acostumbrado a la prolijidad de bandas tributo no pudo terminar de sentirse cómodo ante la irreverencia con que el saxofonista interpreta a viva voz aquellos temas que en cierto punto le pertenecen: Fuck you, DBD y Mejor no hablar de ciertas cosas, entre otros hits inmortalizados por Luca Prodan.

El Kuelgue abrió su lista con Cariño reptil. La calidez de Julián Kartún atrapó a todos aquellos que no habían visto en vivo a la polifacética banda. Las palabras del frontman entre temas hacían estallar las mismas carcajadas que se oían al pasar por el Escenario Mate, donde gran parte de la tarde desfilaron performances de stand up entre la apertura de 9 menos cuarto y el cierre de El Atolón de Funafutti y Tomás Mandel. Uno de los puntos altos en el set Kuelgue fue Ir a más, el cover de Los Abuelos de la Nada, mientras Kartún demostraba su fanatismo por Atlanta.

Chango Spasiuk se ganó al público que deambulaba entre (interminables) filas de baño, las actividades del Espacio Digital y las variadas ofertas gastronómicas de los Food Trucks. Tras la interpretación instrumental de Seguir viviendo sin tu amor con Baltasar Comotto de invitado (se quedaría durante todo el show), una ovación recibió con sorpresa a Ricardo Iorio para interpetar Río Paraná (integra el disco que grabó junto a Flavio Cianciarullo) y Sé vos, el clásico de Almafuerte. “Yo soy metalero y no me da el oído, pero sobra el corazón… y el corazón se vende por kilo” se sinceró el ex Hermética.

Contravos y Pampa Yakuza habían abierto la actividad del Escenario Churro que más tarde vibró al compás de Boom Boom Kid y se vistió de fiesta para recibir a Los Caligaris. Los cordobeses realizaron una lista que no dio respiro, repasando todos sus hits, preguntándose (y demostrando) cómo sonaría Jijiji si Los Redondos hubiesen nacido en su provincia y agradeciendo por los 20 años con la emotiva letra de Que corran. Se despidieron resaltando el mural que les estaban realizando en el predio y deseando “feliz Navidad y próspero año nuevo”. No se ponen serios ni para saludar.

Tras las ediciones del 2014 y 2015, el Festival Nuestro dejó pendiente resolver algunas cuestiones organizativas (como la escasa cantidad de baños y el molesto exceso de uniformados realizando un riguroso cacheo en la entrada) pero de todas formas se posicionó como una gran apuesta para disfrutar un día lleno de música a metros de la Ciudad de Buenos Aires.

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