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ESTALLANDO DESDE EL OCÉANO

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Nota: Pata Marsilla.

Nono es una localidad al oeste de Córdoba donde un porteño nacido en Italia pero con sangre escocesa se instaló a principios de los 80. Murió en Londres y revivió en Argentina. Se durmió sonriendo en San Telmo para despertar todos los días en la leyenda que se agiganta a cada momento. En ese entonces era difícil imaginar que 40 años después se seguiría hablando de él. O quizás no: todos aquellos que compartieron algún instante con Luca Prodan coinciden en el aura de estrella que lo rodeaba.

“Nadie es profeta en su tierra”, reza un dicho popular, y el rock under de nuestro país encuentra uno de sus primeros grandes exponentes en un extranjero. El cantante pelado inició un legado que a su muerte sería tomado por el mismísimo Indio Solari, logrando el primer estallido de popularidad en la que sería la banda más convocante del país. ¿Qué lugar ocuparía Sumo en el entramado cultural de nuestra escena musical si el 22 de diciembre de 1987 no hubiera fallecido su líder? Si volvieras acá, no podrías creer lo que pasó

En la otra dirección, si Prodan no hubiera escapado de sus fantasmas hacia un territorio libre de heroína (o hubiese elegido un destino diferente) el presente musical no sería el mismo. En los antepasados de la comunicación directa internacional, la información fresca que traía Luca generó la particularidad de que llegase el post-punk antes que el punk propiamente dicho. Del mismo modo, los primeros ritmos reggae locales se disputan entre el italiano y Miguel Abuelo (otro músico adelantado a su tiempo).

Las causas que llevaron a Luca a cruzar el océano Atlántico pueden rastrearse por diferentes momentos de su vida. El llamado a la aventura se lo hizo Timmy MacKern, compañero de la secundaria en Escocia y pieza fundamental en la historia de Sumo: su padre vivía en Hurlingham, donde más tarde se instalaría la sala de ensayo de la banda; había hecho la primaria en Córdoba y allí vivía con su familia, lugar desde el que envió a Prodan las postales que lo convencieron de viajar a curarse; su esposa es Inés Daffunchio, hermana del hoy líder de Las Pelotas y el nexo, también, con Alejandro Sokol.

La llegada a Córdoba fue breve pero fructífera. Tras pasar los primeros días de abstinencia (el infierno más duro, según los conocedores), el italiano fue descubriendo con asombro y rozando la burla lo “atrasada” que estaba la música local. En ese tiempo realizó grabaciones en una portaestudio que terminarían conformando su disco póstumo: Time fate love. El álbum (además de entregar primeras versiones de Regtest, TV caliente y Divididos por la felicidad) muestra un Luca íntimo y emotivo. Los hilos conductores de la placa son su voz y los sonidos campestres que lo acompañaban en aquellos días. Las letras (íntegramente en inglés) son un viaje melancólico al corazón de Prodan y, quizás, su trabajo más transparente. Murió en Inglaterra en el 78/alimentado por la lluvia y el tibio odio caliente/Resucitó en Argentina en el 81/mató a todos los loros y robó el sol.

 

Luca volvería a la Londres de la que escapaba, pero esta vez para equiparse y retornar a nuestro país conformando la primera alineación de Sumo: Germán Daffunchio en guitarra, Alejandro Sokol en bajo y Stephanie Nuttal en batería. Para 1985 el Bocha Sokol había reemplazado a la baterista para luego perder su puesto en manos de Superman Troglio (“el mejor batero blanco de reggae del mundo” según Luca), se habían sumado Diego Arnedo en el bajo y Roberto Pettinato en el saxofón para completar con Ricardo Mollo la formación que grabaría la discografía oficial de la banda.

Divididos por la felicidad (un homenaje a Joy Divison) fue el primer álbum del grupo. Sumo era una suerte de caos ordenado y las decisiones de grabación fueron realizadas democráticamente, generando un sonido mezcla de varios géneros que se vuelve imposible de definir y una frescura difícil de lograr en un estudio de grabación. Sin embargo, la figura excluyente fue siempre el líder: dentro del cantante convivían una variedad de fantasmas y personajes que tomaban la voz alternadamente y al mismo tiempo, profundizando la línea esquizofrénica que caracteriza a la mítica agrupación.

Como todo artista que trasciende a su tiempo, Luca era una persona extremadamente sensible. El hombre salvaje convivía con la añoranza por su lugar de nacimiento y su familia: cargaba con el fantasma de haberle presentado la heroína a su hermana Claudia (quien se suicidaría con una fuerte dosis) y tenía una lucha constante entre los mandatos que le había inculcado su severo padre y sus deseos irrefrenables de libertad. El combo lo completaba el niño interno que se podía divertir ante un cartel que rezaba “Universidad de Morón” (“moron” es “tonto” en inglés).

El mismo humor acompañó la mirada irónica con la que integraba la escena musical argentina de los 80: la humildad que luego caracterizaría al rock barrial estaba acompañada de una sana conciencia de estrella. Se burlaba de muchos artistas que de todas formas respetaba. La primavera democrática y su bagaje cultural se retroalimentaron confirmando su rol esencial en la historia del under local. Estoy enamorado de este mundo moderno.

A pesar de la declaración de amor hacia el azúcar marrón en Heroína, el veneno predilecto para paliar el exceso de realidad que consumía su mente era el alcohol. El coma hepático que había sufrido en Londres (donde estuvieron a punto de declararlo muerto) a causa del abuso de diferentes sustancias y la posterior rehabilitación en las sierras cordobesas habían quedado atrás en la vorágine de una Buenos Aires repleta de gente que le daba asco.

El “fuck you” punk y el folklore campestre. La anarquía como respuesta al autoritarismo familiar y la necesidad de cariño paterno que nunca pudo compensar. La figura mítica post-morten y la renuncia constante al estrellato en vida. El humor ácido y la sensibilidad romántica. Las postales londinenses y el retrato porteño del Abasto. La heroína y la ginebra. La oscuridad de Cállate Mark y la alegría de Kaya. El universo que contenía este ítalo-argentino lo sobrevive tanto en la trascendencia de su arte como en el afecto con el que aún hoy lo recuerdan quienes lo conocieron.

Para mi, el amor es lo más importante que hay. Quedarse al lado de alguien si lo querés de verdad, aunque por ahí está mal o no sea divertido en ese momento de su vida… eso es el amor. Yo lo haría: si yo amo a alguien, yo estoy ahí. Yo estoy al lado de esa persona pase lo que pase. Pero no me encontré mucha gente que sea así”. La soledad acompañó a Luca Prodan hasta el 22 de diciembre de 1987, cuando una cirrosis logró lo que ni su padre, ni la policía, ni un sistema plagado de reglas había podido lograr: detener su corazón.

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