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VA CON RABIA LA VANGUARDIA

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Nota: Iván Isolani / Fotos: Luguedo.

La banda de Quilmes presentó su tercer disco de estudio. Larga vida al rock a través de las nuevas generaciones: arriba del escenario con la amistad entre colegas y abajo con un público que mostró su euforia y copó Colegiales.

El Teatro Vorterix a oscuras. Lleno. El murmullo de voces se detuvo tan solo un instante, cuando la iluminación dotó al aterciopelado telón de un color rojizo. Ese murmullo se transformó en una mezcla de alaridos y ovación que, fundidos, sonaron como un trueno infernal cuando nueve sombras aparecieron en escena. Un riff agresivo y el lenguaje utilizado como un arma cargada y presta para destilar diferentes conciencias. Soñadores en plena expansión. Con la verborragia desde el alma, Rock a la Orden daba inicio a la presentación de La vanguardia.

Sin mezquinar el impulso, el “no nos vamos a callarde su tema Jonco aparentaba ser su leitmotiv. O será el nos costó sangre y pelea, levantar esta bandera. El rugido hambriento de mi gola se encendióde Mequetrefes. ¡Qué duda! Lo cierto es que el tercer material de la banda oriunda de Quilmes continúa una línea homogénea que trasciende los rótulos genéricos para ser una huella estilística: la de una creación sin concesiones. La de congeniar temas que fuercen a moverse y otros que obliguen a sentarse a reflexionar.

Alumbrado por los focos, Pablo Germade y su guitarra (con un teclado cómplice en lo sonoro) pudo crear y recrear un clima de época romántico. Un encadenado de micro-historias seguidas (solo interrumpidas por Vamos las bandas, el cover de Los Redondos) que se encargaban de hablar del lado A (y también del B) del amor. Abajo del escenario, un puñado de personas (preferentemente mujeres) formaban una barrera a vaya a saber qué tiro libre.

Tras anunciar shows en Banfield y San Justo, comenzaron el desfile de amigos. Dice el refrán que “el orden de los factores no altera el producto”. Entonces, ya sea la presencia de Juampi Sparo, cantante de Fisión; de Tato Pérez de Insolventes; Santiago Maggi y Beto Grammático de Salta la Banca o los integrantes de la murga quilmeña 5 pal peso; termina siendo indistinto porque, en definitiva, son “bandas que la pelean al lado nuestro”.

La bandera con las inscripciones en diferentes colores de CJS, De la Gran Piñata, Los Gardelitos, El Bordo (entre otras) se movía en el medio del infernal pandemónium que se daba a orillas del entablado. La gente, arengada por la superposición de las voces de Germade y Tincho de Desinhibidos en muchos pasajes de El rey manda, fue un buen termómetro para confirmar que en el rock vernáculo (denominado rock nacional) hay un semillero donde se reproduce aquel gen primario desde hace 50 años.

Al saxofonista Lautaro Rombolá poco le importó la cornisa del escenario: con convicciones firmes se pegó un letrero en la cara y comenzó a desperdigar el aire de sus pulmones ejecutando el instrumento. Ese cartel era tan contundente como sus pulmones: “un pueblo con memoria es democracia para siempre”. Y el “antes de irnos: 2×1 las pelotas” de Germade confirmó criterio. El rock aislado de la sociedad que lo engendró y lo parió con ansias de dotarlo de una verba para nada conciliatoria con los discursos dominantes, es igual a fracaso. “Somos la espina que crece en una flor en esta opacidad”.

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