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UNA LOCURA PERFECTA

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Nota: Iván Isolani / Fotos: Michelle Germinario.

Sordos trajo todo su rock desde la zona sur del conurbano hasta las callecitas del Abasto y calentó hasta el demonio. Una fiesta que coronó la presentación oficial de su nuevo material, Cenizas del sol.

3:22 am. Un grupo de gente con ya varias rondas encima desplegaba un trapo naranja con varias inscripciones. Más largo que ancho, con agujeros que denotan recitales varios. La bandera traspasaba los cuerpos presentes. Los fagocitaba. Los incorporaba como parte de su piel vieja mientras arriba del escenario comenzaba a desatarse un verdadero vendaval musical llamado Sordos Rock. Otro, porque ni bien el nuevo día se gestaba por encima de la Guardia Vieja en la que conviven armoniosamente Uniclub de la mano izquierda y el COTO en la derecha, los uruguayos de Sucia Esquina habían derrochado acordes de rock ‘n roll.

Sin el mameluco naranja de antaño pero con la solidez propia de más de una década rodando juntos, los sonidos comenzaron a fluir con naturalidad en la fría madrugada. Como la zona sur ya les quedaba chica, se vinieron hasta el porteño Abasto para presentar su nuevo disco Cenizas del sol. Los acordes se fueron combinando hasta componer una locura perfecta. Una batería potente, con un bajista que tardó un segundo en redirigir las miradas de su pollera escocesa y su remera plagada de agujeros a sus inquietos dedos. Una guitarra que denota que un corte inicial de cuerda no invalida que el diablo sepa por diablo pero más por viejo. Y un saxofón que requiere más de un par de pulmones para llegar a lo exigido.

Cómo rompimos las bolas para estar acá. La puta madre” se sinceraba el cantante, ansioso por seguir tocando. Abajo, algunos rolingas ya crecidos pero tercos y firmes en su premisa de no entregar las armas del morral, las Topper y el flequillo y las cubanas; encendían mechas agitando cada tema que la banda tocaba. Si al ser entrevistados días antes por BAG, el cantante (y gran saxofonista) los describía simples en la madurez, la brecha de aquellos primeros pasos como formación a este presente hay que comprenderlo como una permanente superación. Asimilar el tiempo y saberlo volcar en palabras, en acordes y hacerlo música: el sello distintivo de Sordos.

Acumulación de millas y horas de vuelo que van curtiéndote. Niveles de recuerdos más lejanos en el tiempo que esta banda no puede olvidar y le afirma constantemente que tiene un motor: el hambre y las ganas. A la gran velocidad del vivo se rebobina el carretel, el nivel instrumental respalda e infla la gran voz de Enzo Sánchez que no escatimó en todo el show a buscar los tonos altos, total le da.

Eran las 5:26 cuando se desenchufaron los equipos. Los aplausos de todos (los visibles y los invisibilizados por los trapos desplegados) seguían pese al silencio musical. Había suficientes vasos plásticos vacíos, incluido el del muchacho que intentó quedarse sentado en la improvisada valla que rodea al escenario pero el nivel de alcohol lo traicionó y terminó tumbado en el escenario. Borracho, pero agitando.

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